OPINIÓN | Fantasías políticas

  • Aquellos que proponen soluciones absurdas a problemas que han creado ellos mismos

Imagínense una lucha de gigantes en medio de una ciudad. Sea cual sea. Aun cuando los gigantes estén en tablas cual partida de ajedrez la ciudad habrá sido diezmada, con muertes de inocentes y destrucción de edificios.

Los políticos no son gigantes ni mucho menos. Algunos son más parecidos a ratas que siguen a la primera idea del Flautista o perros que dependen de su amo. Pocos son como un padre o una madre que protegen a sus hijos y organizan un hogar con justicia o un empresario ejemplar. Aun cuando deberían trabajar para el bien de la sociedad pueden provocar la misma devastación que un gigante debido al poder excesivo que les hemos dado. Recordemos que el poder de un político no va más allá de aprobar leyes que vayan en pro de la sociedad. Debatirlas y llegar a consensos. Lo demás es ocupar más poder del que tienen y prestarles más atención de la que merecen. Sin embargo suelen proponer soluciones absurdas a problemas que han creado ellos mismos.

Ahora enlazo con otro relato de Fantasía. Imaginaos un presidente del gobierno -llamémosle P de Presidente- que comete un delito, un golpe al estado por saltarse la ley común de todos.  P quiere tener más poder que el que le ha sido designado después de dividir a la población en dos, los “buenos” y los “malos”. Hay sospechas de malversación para financiar su partido y su plan megalómano durante años, con destrucción de pruebas incluidas. Hasta aquí podría ser como tantos otros, pero P es especial. P es de derechas, de la burguesía más rica de tu país, pero la izquierda lo adora. Todo por hacer una votación trucada en la cual no había censo, con lo cual podían votar varias veces en urnas llenas de votos y opacas. Podríamos decir que no puede dar lecciones de democracia a nadie. Después de ello la justicia del país como órgano independiente decide procesar a los responsables, pero P huye a otro país acogido solo por minorías extremistas similares a él. El Estado lógicamente convoca unas nuevas elecciones. P decía no reconocer esas elecciones porque las organizaba el Estado del que se había independizado. P decía que el país era una dictadura porque no respetaba las leyes -sí, las mismas que se saltó P- porque se activó una ley de la Constitución refrendada por toda la población. Aun así P se presenta a distancia a las nuevas elecciones. Hay gente que le vota -como los que aplauden a un futbolista que defrauda a Hacienda-. P pierde las elecciones pero aun así su partido hace las triquiñuelas necesarias para pretender que P sea presidente vía Skype. Si no se hace lo que P dice se enfada y califica de intolerante, totalitario o facha al que no le dé la razón. Imaginaos que llaman preso político a todo político que se salta la ley.

¿Ves esta situación absurda? No, no es una película de Berlanga. Bienvenidos a España.

 

FIRMA: Norberto Aragón